La utopía hinchable - Historias - Andreu World
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13/03/18

La utopía hinchable

Cualquiera que haya diseñado o producido una silla sabe lo difícil que es concebir una estructura que soporte el peso de una persona corpulenta aparentando la máxima ligereza. Hay que disimular como actúan las potentes fuerzas de presión y torsión. Durante milenios las sillas tuvieron cuatro patas. Utilizando tubo de acero, los diseñadores del Movimiento Moderno se las arreglaron con dos y a mediados de los años cincuenta del siglo XX, Eero Saarinen logró que su silla “Tulip” se levantara sobre una sola pata de tal modo que ésta adoptaba la apariencia de un pedestal. El reto siguiente sería diseñar una silla sin patas. Es decir, una silla que se sostuviera en el aire.

 

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El sueño se hizo realidad en los años sesenta del siglo XX, cuando se pudieron construir eficientes estructuras hinchables con film de PVC soldado mediante alta frecuencia. Pero de hecho los globos aerostáticos, los zepelines y las lanchas de salvamento ya eran estructuras hinchables bien experimentadas desde hacía tiempo. Lo que las nuevas tecnologías permitían era la fabricación económica y a gran escala. Los artefactos neumáticos perfeccionados dieron alas a la imaginación de los arquitectos y diseñadores del movimiento pop que buscaban sistemas constructivos alternativos al hormigón y al acero que fueran la expresión de su rechazo al academicismo moderno. Los hinchables eran un vehículo ideal para comunicar los conceptos de lo efímero y lo transitorio y, en muchos aspectos, una de sus manifestaciones más originales. Los edificios y los objetos neumáticos eran coherentes con el deseo de los jóvenes de liberarse de los conceptos tradicionales de solidez y permanencia. 

 

Durante la era del pop las estructuras de aire estaban “en el aire” de tal modo que el Museo de Arte Moderno de París encargó al grupo Utopie la exposición Structures Gonflables, curiosamente en el mismo año en que estalló la revolución estudiantil: 1968. Utopie era un grupo de jóvenes arquitectos franceses, liderado por el urbanista de orientación marxista Henri Lefebvre, que cuestionaban la mediocridad del urbanismo, de la arquitectura y el diseño modernos proponiendo la construcción de pabellones y ciudades hinchables que pudieran ser montadas y desmontadas en cuestión de horas, en cualquier lugar y sin previo aviso.  Tres componentes del grupo—Jean Aubert, Jean-Paul Jungmann y Antoine Stinco—crearon la empresa A.J.S Aerolande para editar y comercializar sus muebles soportados por aire. A diferencia del grupo británico Archigram, que también proponía ciudades hinchables pero que se mantenía dentro de la utopía gráfica, de acuerdo con su visión social, Aerolande quería acercar sus diseños a la gente. 

 

Uno de sus muebles más logrados e imitados fue el sillón Tore, lanzado en 1968. Estructuralmente se componía de dos “salsichas” de aire que rodeaban un pouf, también lleno de aire. El plástico era transparente de tal modo que permitía visualizar el vacío. Eso unido a la ausencia de colores y la sencillez del acto de hinchar generaba un mueble redondeado, muy divertido, bastante incómodo y tan efímero como los ideales de sus creadores.

 

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