Sentarse para alzarse - Historias - Andreu World
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10/07/18

Sentarse para alzarse

Los autobuses que daban el servicio de transporte público en los años cincuenta en la localidad de Montgomery (Alabama), posiblemente como en cualquiera o muchas otras ciudades norteamericanas, contaban con unos asientos construidos con tubo de hierro cromado. La estructura de estos bancos alineados, pensados para dos pasajeros era a la vez soporte de los viajeros sentados y lugar donde sujetarse para los que iban de pie o se desplazaban por el interior del habitáculo. Esta forma de construcción en tubo de hierro curvado y atornillado evoca a los ejemplares diseños de sillas de los modernos bauhausianos y sus coetáneos. 

 

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La estructura de hierro se completaba con un asiento de muelles para amortiguar el traqueteo del vehículo en circulación. Estos asientos, así como sus respaldos o respaldares estaban tapizados con un resistente y oscuro plástico tipo skai. 

Los austeros y funcionales asientos de estos autobuses de línea devinieron un símbolo de estatus, como otras tantas veces había sucedido con otras sillas en la historia. En este caso por la prohibición a la población negra de usarlos en sus desplazamientos con los autobuses colectivos. 

Paradójicamente, fue ejerciendo su propia función de asiento cuando de repente se evidenció esta absurda prohibición. No usándolos como podio donde subirse y proclamar, no arrancándolos de su lugar para precipitarlos fuera del vehículo para protestar, sino simplemente sentándose en ellos y negándose a cederlos a un viajero blanco. El 1 de diciembre de 1955 la señora Rosa Parks escenificó lo que sería una nueva etapa en la lucha por los derechos civiles de los negros norteamericanos. 
A pesar de que su acción le costó ser expulsada del autobús a medio trayecto y juzgada por delito, hecho que desencadenó un boicot de 382 días contra la compañía de transporte público; la serena y valiente Sra. Parks hizo de sentarse, alzarse. 

 


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