Una silla para la eternidad - Historias - Andreu World
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20/03/18

Una silla para la eternidad

Resulta difícil imaginar que una silla evoque poéticamente la muerte. La imagen de la silla eléctrica estremece por su estricta funcionalidad y no es casual que Andy Warhold le dedicara una serie de serigrafías tratándola de icono macabro de la cultura norteamericana. 
La silla eléctrica es un producto de la ingeniería técnica más despiadada mientras que la silla Golgotha, diseñada por Gaetano Pesce en 1972, es un objeto a medio camino entre la escultura y el diseño que no destaca especialmente por sus cualidades funcionales y productivas sino por su materialidad problemática y por su capacidad de incitar a la reflexión.

 

 

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Era lo que el arquitecto, editor y crítico del diseño Alessandro Mendini llamó a principios de los años setenta “objetos de uso espiritual”. Muebles entendidos como un instrumento crítico que proponen una interpretación escénica del diseño interior situado en el límite del uso práctico.
Las sillas Golgotha forman parte de una colección de objetos inspirados en la Biblia y, más concretamente, en la pasión de Cristo aludiendo explícitamente al tema del sacrificio.  Se construyen una por una mediante un tejido de fibra de vidrio que contiene dacron y que luego se sumerge en un baño de resina de poliéster. Finalmente, se tienden mediante unos ganchos que dan forma al drapeado. De este modo cada silla es única e irrepetible. 
Al verlas no sabemos si estamos frente a un objeto nuevo o antiguo, un producto industrial o un hallazgo arqueológico, pues son totalmente imperfectas y evocan el desgaste, así como el paso del tiempo. En términos postmodernos se podrían calificar de “ruinas del futuro”. A medio camino entre la mortaja y el mueble, estos sudarios blancos petrificados nos recuerdan que la vida es algo pasajero y que ineluctablemente algún día nuestro cuerpo mortal será envuelto en uno de ellos camino de la eternidad.

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