La Royal Garden chair - Historias - Andreu World
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08/11/18

La Royal Garden chair

La silla del Royal Garden es apenas un taburete con respaldo ¡Pero que respaldo! Un ligero apoyo de varilla de tubo acero que culmina con el dibujo de una corona de cinco puntas rematadas con sendas esferas. Este motivo se replica en los apliques de luz, más inofensivos. En las sillas, el diseño produce daños colaterales. Escuchamos al encargado del local que inaugura aquella misma noche reprochar al decorador: “¿Ha visto lo que pasa? Es culpa de sus sillas ¡Dejan huella!” Efectivamente, los comensales se levantan luciendo el estampado en seco de la susodicha corona en las americanas y los blazers. 

 

andreu_world_chairpedia_royalgarden 

La silla del Royal Garden de Play Time (1967) de Jacques Tati es mofa amable. La silla, el restaurante y la ciudad entera, Tativille. Todo forma parte de una inmensa escenografía concebida por Tati para producir un ligero giro en lo cotidiano, inducir una tenue sonrisa y hacernos ver lo ridículo de la vida urbana moderna, los mitos del consumo, del progreso y del diseño; las mitológicas de la década de los sesenta. La silla es un cachivache más, objetos/gag que pueblan esta y otras películas de Tati*. Esta silla, empero, resulta particularmente ridícula por que aúna las pretensiones de moda y prosapia. Es el blasón de los nuevo-ricos, un oropel fatuo, un sello de estampilla cuyo surco se asimila a un muñeco de papel colgado a la espalda el día de los Inocentes. En las escenas del Royal Garden, Tati se regodea brindándonos una visión del montaje y desmontaje de tanto simulacro. Las ansias de aparentar de una clase social de pelaje medio hasta resultan enternecedoras; sobre todo cuando se desbaratan. Es lo que ocurre Al producirse el desplome del decorado físico y social inducido por la confusión de la norma, la volatilización de la etiqueta y la torpeza aturdidora que desencadena la sola presencia de Hulot. 


En la misma película otros gags van de sillas. Las pedorretas de las butacas de oficina de Tativille me siguen pareciendo una vaporosa, pero impertinente, venganza humana contra los dioses de la arquitectura. Concretamente contra uno de los más más adustos, Mies van der Rohe, y uno de los más engreídos, Le Corbusier.

* La escenografía y attrezzo de esta y otras películas de Tati se debe a él mismo y la colaboración de Jacques Lagrange.


La silla del Royal Garden de Play Time (1967) de Jacques Tati es mofa amable. La silla, el restaurante y la ciudad entera, Tativille. Todo forma parte de una inmensa escenografía concebida por Tati para producir un ligero giro en lo cotidiano, inducir una tenue sonrisa y hacernos ver lo ridículo de la vida urbana moderna, los mitos del consumo, del progreso y del diseño; las mitológicas de la década de los sesenta. La silla es un cachivache más, objetos/gag que pueblan esta y otras películas de Tati*. Esta silla, empero, resulta particularmente ridícula por que aúna las pretensiones de moda y prosapia. Es el blasón de los nuevo-ricos, un oropel fatuo, un sello de estampilla cuyo surco se asimila a un muñeco de papel colgado a la espalda el día de los Inocentes. En las escenas del Royal Garden, Tati se regodea brindándonos una visión del montaje y desmontaje de tanto simulacro. Las ansias de aparentar de una clase social de pelaje medio hasta resultan enternecedoras; sobre todo cuando se desbaratan. Es lo que ocurre Al producirse el desplome del decorado físico y social inducido por la confusión de la norma, la volatilización de la etiqueta y la torpeza aturdidora que desencadena la sola presencia de Hulot. 

En la misma película otros gags van de sillas. Las pedorretas de las butacas de oficina de Tativille me siguen pareciendo una vaporosa, pero impertinente, venganza humana contra los dioses de la arquitectura. Concretamente contra uno de los más más adustos, Mies van der Rohe, y uno de los más engreídos, Le Corbusier.

* La escenografía y attrezzo de esta y otras películas de Tati se debe a él mismo y la colaboración de Jacques Lagrange.

 

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