¿Prouvé / Hergé? - Historias - Andreu World
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15/04/19

¿Prouvé / Hergé?

Uno se pregunta cómo fue a parar una butaca diseñada por Jean Prouvé a un hotel de vacaciones de Vargèse. Permítaseme recordar que Vergèse es una pequeña villa de montaña de la Alta Saboya imaginada por Hergé que aparece en las primeras viñetas de Tintin au Tibet, la historieta publicada en el Journal de Tintin en 1958 y en forma de álbum en 1960*. Hergé inicia la vibrante aventura que conducirà a la misma cueva del Yeti con unas plácidas vacaciones alpinas de Tintín, Milú, Haddock y Tornasol. Sentémonos en una sala del Hôtel des Sommets a disfrutar de ese atardecer de holganza en el que el tiempo se demora entre humo de cigarros y aroma de café con leche, juegos de mesa, puzles, lecturas y redacciones triviales de postales... Y de repente, la calma se echa a perder por el alarido con que Tintín despierta de su sueño visionario y espanta a la concurrencia.   

 

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Pues allá, en aquella sala de historieta, contamos hasta siete ejemplares de la mencionada butaca. Ni Tornasol, que lee ajeno al barullo, ni el resto de huéspedes probablemente saben que se trata de un diseño de Jean Prouvé y que data el año 1942-44, aunque se comercializará solo a partir de los cincuenta. Tampoco deben conocer el nombre del asiento, Kangourou, ni que precede a otro modelo parecido y más celebre -el FV 22- del que tomará el nombre**. El desarrollo de aquellos prototipos, coincide con los años dorados de Maxeville (1947-1952), el taller desde el que Prouvé concibe una renovación completa del equipamiento doméstico. Cabe suponer que la silla reclamó la atención de Hergé, bien porque la viera directamente o bien porque tuviera noticia de ella a través de alguna fotografía, acaso de un prospecto o de una revista. Curioso y detallista, Hergé y sus ayudantes oteaban el entorno en busca de modelos de utilería para amueblar sus hipnotizadoras viñetas. Su pasión documental ha sido muy celebrada. Aquí estamos ante una escena de lucimiento del dibujante. Es tentador suponer que el espíritu de artesano industrial que imbuía al dibujante de cómics conectara con el del ingeniero de taller que era Prouvé. Uno discurría por liviano y el otro por lo sólido. Uno trazaba y el otro construía. Pero hay algo generacional en su ingenio y algo personal en su lenguaje estético que los llevaría a amueblar esta página juntos. 

* Los tintinólogos siempre alardeamos de estos estúpidos saberes. 
* Otras inútiles datos eruditos que acaparamos los estudiosos del diseño.... Pero sobre el nombre del asiento vaya esta conjetura: el segundo modelo de la butaca prescindía de las patas metálicas traseras y apoyaba en los costados de madera que se prolongaban algo más allá del respaldo. El asiento sugería entonces la forma de un canguro: descansaba sus poderosas ancas traseras de madera, mientras asomaban por delante sus pequeñas patas metálicas. Una suerte de marsupial que acogía confortablemente en su regazo de cojines acolchados; tanto si se trataba de sujetos de carne y hueso como de seres de ficción. 

 

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