Las sillas apiladas de Proust - Historias - Andreu World
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24/07/20

Las sillas apiladas de Proust

En el apartamento de la Rue Haussmann Proust acumulaba los muebles provenientes de la casa familiar. Con la muerte de su madre aquel domicilio le resultó amarado de nostalgia y decidió abandonarlo, pero contradictoriamente se llevo todos las sillas y mesas que pudo a su nueva casa. La extraordinaria memoria de Céleste Albaret, transcrita en forma de libro cuando tenía más de ochenta años, ha permitido reconstruir este piso en todo detalle, así como las costumbres de su habitante. En el comedor sin utilizar se acumularon todo tipo de trastos. Muebles de gusto aburguesado, mediocres pero que llenaban la casa de memoria. Aquellos objetos domésticos que en su día apreciaron sus difuntos hacían visible la ausencia. De todos modos ninguna de aquellas sillas fueron utilizadas en el proceso de la escritura. Proust creó su obra medio sentado en la cama. En el blanco de las sábanas y en el blanco de la página. La antítesis de esta cama rodeada de los muebles de mamá, laboratorio para la escritura, sería el sofá que regaló al burdel cercano a su casa, Le Cuziat. Una historia que vuelve a repetirse en la ficción de A la sombra de las chicas en flor, donde el narrador regala un sofá de la tía Léonine a una casa de putas, el mismo mueble para sentarse donde este personaje confiesa que de joven probó por primera vez los placeres del amor con una de sus primitas. 

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