Icono americano en la isla socialista - Historias - Andreu World
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26/06/18

Icono americano en la isla socialista

En pleno corazón de la Habana moderna, en el Vedado, se encuentra la “Rampa”, una parte de la Avenida 23 que vivió el esplendor cultural antes de la revolución con los cabarets Turquino o las Cañitas del Hotel Hilton Habana (actual Habana Libre) y después de ésta, en los años en que el proyecto revolucionario fue más sexy. 

Durante la década de los años sesenta esta localización vivió el Congreso Internacional de Arquitectura (1963) para el que se construyó el “brutalísta” Pabellón Cuba. Cada noche de sábado en la “Vidriera mágica” el diseñador Fernando Ayuso mostraba sus nuevos diseños con las modelos desfilando al ritmo del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC (Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos) o el pintor Raúl Martínez inundaba las paredes de una cafetería con sus murales “Pop” que desaparecieron, pocos años atrás, bajo una mano de pintura.

En este eje bullicioso se encuentra la heladería Coppelia, conocida como la “Catedral del helado” gracias a la película Fresa y chocolate. Este establecimiento es una muestra excelente de la arquitectura de hormigón adaptada al clima caribeño, obra del arquitecto Mario Girona, donde los espacios se funden en interiores y exteriores entreabiertos y parcialmente cubiertos. 

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Los cientos de sillas que ofrecen asiento en los múltiples espacios del establecimiento son el modelo “Bertoia” (Wire Chair – Silla de Alambre)  diseñado por Harry Bertoia para Knoll en 1952. Concretamente (intuyo) su versión Outdoor de 1955 con un tratamiento especial para exterior.
Que el Coppelia de la Habana se construyera en 1966 hace dudar de si, la que quizás es la mayor concentración existente de este modelo de silla, sea o no del modelo original de Harry. 

Indagando en archivos de la capital Cubana, localizo en una revista de arquitectura de 1955 el anuncio de este diseño, de cuando Knoll tenía distribución al menos en un establecimiento de la Habana. Cabe pensar que como empresa Norte Americana debió cortar sus suministros en la isla al poco tiempo de empezar la revolución. 

El trote y avatares sufridos por estos asientos durante más de cincuenta años es inimaginable. Las colas en la grandísima heladería son míticas del paisaje habanero. En estas Bertoia han tomado helado millones de comensales. En este sentido, si se trata del modelo original de Knoll, esta es la prueba irrefutable de una calidad notable de su producción. En el mismo sentido, si se trata de una copia insular, debemos considerar el mismo logro.

Lo asombroso del caso es que cuando estas desfallecen exhaustas por décadas de uso, exposición a la intemperie, capas de pintura y algunos repasos de soldaduras, la inventiva cubana afinada por la necesidad, les atorga nuevas dimensiones en otro ejercicio de diseño con una carga de intuición destacable, que se puede apreciar por los alrededores del emblemático enclave.

 

 

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