Sin quererlo, estandarte de una filosofía - Historias - Andreu World
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07/05/18

Sin quererlo, estandarte de una filosofía

El ambicioso plan seguía adelante, lento pero incesante. La construcción del complejo educativo se había iniciado en Kuhberg, una colina dentro de Baden-Würtemberg, tal como él lo había ideado. Un campus completo, con sus aulas, sus talleres, su biblioteca, la residencia de estudiantes, las viviendas de los profesores, los despachos de los jefes de departamentos, incluso una cafetería. 
La Hochschule für Gestaltung de Ulm había sido proyectada en 1950 bajo criterios de funcionalidad y austeridad pues su arquitecto, el diseñador suizo Max Bill, se había formado en la Bauhaus de Dessau. En abril de 1953 le nombraron director de la escuela y jefe del departamento de Arquitectura y Urbanística, tal como él esperaba y ansiaba ya que había participado activamente en la elaboración del plan de estudios y en la selección de docentes internacionales. En agosto de ese mismo año comenzaron las clases, pero en un antiguo edificio. La construcción todavía no estaba acabada. 

 

 

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A pesar de la intención de constituirse como una escuela privada, a diferencia de la Bauhaus, la HfG dependía de las subvenciones otorgadas anualmente por el Alto Comisionado Alemán y del dinero público de Baden-Würtemberg y del ayuntamiento de Ulm. Debido a estas limitaciones económicas hubo que pensar urgentemente en cómo amueblar los interiores de la escuela provisional y de las viviendas de estudiantes y profesores. Max Bill pensó en Hans Gugelot, arquitecto y diseñador de mobiliario que pasaría a dirigir el Departamento de Diseño de Producto. La solución: fabricar sus propios asientos en los talleres de madera con unos tableros que habían sido donados y gracias a las manos del maestro carpintero Paul Hildinger. 
El resultado fue el primer producto tangible surgido de aquella escuela: una silla sin respaldo –o banqueta– cuya estructura se basaba en un pequeño cuboide liviano y simple. Se trataba de un mueble modesto, configurado por tres tablas de madera de abeto unidas mediante un ensamblaje de cola de milano. Mantenían su estabilidad gracias a una barra de haya de sección circular arriostrada en la parte inferior que servía también de reposapiés. La ingeniosa invención funcionó y se llegaron a realizar hasta un centenar de copias. 
Era la pieza omnipresente en la cafetería, en las aulas, en el patio. Hasta en las habitaciones de los estudiantes. Su transporte era dinámico, de una sala de conferencias a otra. Sólo había que asirlo por la barra transversal. Además era polivalente: bien podía funcionar de asiento como de mesita auxiliar, estantería, atril… Finalmente la escuela se inauguró oficialmente en el nuevo campus en octubre de 1955. Para entonces las instalaciones ya estaban dotadas de este democrático mueble, pues era para todos –alumnos y profesores– el estandarte de toda una filosofía ética y estética. 

 

 

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