Una silla como un cubo, una acusación de plagio y los cinco segundos más largos de la historia - Historias - Andreu World
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29/10/18

Una silla como un cubo, una acusación de plagio y los cinco segundos más largos de la historia

El mundo supo de la silla Panton por primera vez en el número de agosto de 1967 de la revista danesa Mobilia, que la llevó a su portada y le dedicó un cuidado reportaje gráfico exclusivo. Pero la historia de su diseño se remonta al menos once años atrás y no termina hasta que en 1999, un año después de la muerte de Verner Panton, Vitra puso en el mercado su versión última de polipropileno inyectado. Panton, de hecho, sostenía que la idea le asaltó aún antes, cuando trabajaba en el estudio de Arne Jacobsen y vio por vez primera un casco de fibra de vidrio y un cubo de plástico, y que lo que le impresionó sobre todo fue el bajo precio del cubo. El impacto de la publicación se vio enturbiado en el número siguiente de Mobilia, que publicó un artículo de Axel Thygesen donde se cuestionaba la originalidad de la idea de Panton de una silla enteriza en voladizo mostrando dos diseños de Gunnar Asgard Andersen y Poul Kjaerholm de 1953 y 1955, respectivamente, que nunca fueron producidos. Thygesen reclamaba para esos dos proyectos la condición de antecedentes inspiradores de Panton, pero Andersen, un profesional de gran predicamento en la escena danesa del momento, fue más allá arguyendo directamente que Panton le había robado la idea. Mobilia, sin embargo, no se acomodó a ese vicio equidistante del periodismo de hoy según el cual la verdad es la media aritmética de dos mentiras y, sin privar a sus lectores de los datos del problema, puso las cosas en su sitio con otro artículo en el mismo número de su redactor Svend Erik Møller a favor del despliegue realizado en agosto. 

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Møller sostenía que la forma de la silla Panton era inseparable de su método de producción, el resultado de “un proceso de desarrollo industrial en el cual el trabajo del diseñador es solo un aspecto de una costosa y arriesgada inversión”. Ciertamente, los prototipos de Andersen y Kjaerholm, nunca antes difundidos ni patentados, presentaban similitudes evidentes con la solución formal de Panton –que siempre negó conocimiento ninguno de ellos–, pero habían llegado demasiado pronto, cuando no había posibilidad fáctica y tecnológica de desarrollarlos. Panton, sin embargo, sí persiguió esa posibilidad con una perseverancia y una paciencia a prueba de bombas, que no se rindió ante eventuales y sonoros fracasos, como que en 1979 Vitra descatalogara la silla ante las prestaciones insuficientes del modelo que había empezado a fabricar en 1971 con Luran S, un poliestireno termoplástico de BASF que abarataba y facilitaba la producción pero que, a la larga, demostró una insatisfactoria resistencia a la intemperie. De la versión inicial de 1967, de poliéster reforzado con fibra de vidrio, se produjeron tan solo unos 150 ejemplares. Hay un largo camino hasta los cientos de miles realizados de la versión última, y solo Panton y Vitra lo recorrieron de la mano. Jens Bernsen, director del Centro de Diseño Danés de Copenhague le dijo una vez a Panton que la mayor parte de sus diseños eran “trabajos realizados básicamente en cinco minutos”, a lo que Verner respondió negativamente: “Más bien en unos cinco segundos”. Bernsen apostilla con sabiduría que, a veces, llegar a esos cinco segundos le lleva a uno toda una vida, que es precisamente lo que Møller y Mobilia le habían enseñado a sus lectores ya en 1967. En un tiempo en que todavía había revistas. Y servían para algo.  

 

 

 

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