The rocking chair de Mrs. Bates - Historias - Andreu World
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14/07/20

The rocking chair de Mrs. Bates

Una mecedora es una mecedora, menos cuando entra en el casting de objetos de una película de Alfred Hitchcock. Y desde luego la rocking chair de Mrs. Bates (Psycho, 1960) comparte reparto con otros protagonistas “vivos” de la cinta y, claro, con la difunta madre de Norman Bates. El suspense y el terror hitchconiano se fundamenta a menudo en una ambigüedad moral y en una anfibología innata en la que personas y objetos; personas y objetos ahora candorosos e inmaculados que se tornan repentinamente culpables y siniestros (y a la inversa). 

Sillipedia 2 ES

 

La escena de una afable anciana en el atrio de su casa mientras hace ganchillo y se balancea suavemente en una silla, es una cosa. La imagen del hallazgo del santuario doméstico de un psicópata que conserva el cadáver de su madre en el sótano, yaciente en una mecedora, otra muy distinta. Hitchcock, como rey de la sinécdoque visual que era, podía condensar los fantasmas que asolan la mente humana en la solitaria imagen de una mansión victoriana. Esta fue la iconografía preferente en los carteles que anunciaban la película en 1960. Aquel motel, actualizaba los espantos de la Casa Usher y se transformaría en fuente de inspiración de cualquier Casa del Terror de parque de atracciones que se precie. No obstante, para las fotos promocionales, el director se valió de otro objeto y dispuso a los actores como si fueran acosados por la sombra de una mecedora*. 

He aquí nuestra reivindicada silla mecedora en su logrado papel de utilería enfática (este sería la denominación técnica) –que, por cierto, no es ni siquiera el modelo utilizado en el film–. Comparte con la mansión su aspecto amenazador. Tal vez, sea por su ordinario desaliño y sus proporciones contrahechas. En todo caso, no tiene la discreta elegancia de una Windsor o la distinción de una mecedora colonial, ni la armónica simplicidad de un balancín Shaker. No, no parece gozar de ningún pedigrí, pero sus torneados y calados ornamentales se proyectan tétricamente como la sombra de un Nosferatu. 

En el substrato más profundo de nuestros miedos yace la posibilidad de que los objetos tengan alma. Lejos de ser una creencia ajena, el animismo nos persigue. Y ante la lóbrega imagen de una silla gibosa... cabe la posibilidad de que nos alcance. 


* Entre las variadas maniobras de distracción que utilizó Alfred Hitchcock para promocionar el estreno de la película sin revelar su trama, se encuentran esta sesión de fotografías con los protagonistas de Psicosis, Janet Leigh, Vera Miles, John Gavin y la mecedora de marras (como autorizada representación de Anthony Perkins y Mrs. Bates).

 

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