Sillas Musicales - Historias - Andreu World
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21/08/17

Sillas Musicales

En el juego de las sillas musicales los participantes dan vueltas a un círculo de sillas mientras dura la música y, cuando ésta se para, tienen que intentar sentarse… Pero siempre hay una silla menos que jugadores. Es un juego sencillo (los elementos necesarios se encuentran en todas las casas y sólo hay que contar con un aparato reproductor de música, o alguien que toque un instrumento, o incluso basta con que sepa cantar) y se presta a un montón de situaciones hilarantes. En los ambientes solemnes de los auditorios de música clásica los asientos también propician alguna vez los hechos anecdóticos: ¿quién no se ha encontrado en la sala de conciertos, esperando el inicio del recital de piano, con todo el público atento a la entrada del solista y, de repente, viendo aparecer a una persona en el escenario, estallar todos al unísono en una gran ovación? Pero no, se trataba de un error: solo era el encargado que venía a subir o bajar la altura o la posición de la banqueta… 

 

 

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Y cuando finalmente llega el solista, todavía asistimos a unos ejercicios de regulación vertical y horizontal del asiento, hasta que consigue encontrar el nivel óptimo (que a lo mejor era el que había inicialmente) y las notas pueden empezar a sonar… Pero mi silla musical preferida la encontré en el museo Maricel de Sitges. Es una silla con sorpresa: incorpora una caja de música que se activa cuando alguien se sienta en ella. Cuando había ido con mi familia, el guía del museo me hacía sentar (yo era el pequeño del grupo) para regocijo de la sorprendida comitiva. En ocasiones siguientes, conocedor del truco, era un juego fingir la sorpresa, para no desmotivar al viejo guía y a los visitantes que iban por primera vez.

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