Una tumba para una silla - Historias - Andreu World
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25/09/17

Una tumba para una silla

Entre los más famosos "enfermos imaginarios" se cuenta el juez Du Hellain. Este magistrado, que ejerció su carrera en Caen, era muy aprensivo y dio en el delirio de creerse tísico. A pesar de su aspecto bastante saludable, no quería que nadie interrumpiese su reposo y permanecía sentado en una silla donde atendía incluso los casos de justicia. Más tarde, comenzó a quejarse de migrañas. Y, como los médicos le dijeron que la oscuridad y el reposo alivian el dolor de cabeza, el juez Du Hellain mejoró su posición de descanso, permaneciendo siempre sentado o acostado en la cama. 

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En su testamento exigió ser enterrado de noche, en la misma cama donde hubiese fallecido, sin que nadie moviese su cuerpo ni le cambiase las sábanas. Así se le enterró en 1828, abriendo una gran fosa en el cementerio de Caen para poder sepultar la silla, junto con  la cama y el honorable juez, con su pijama y su gorro de dormir...


 

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