La silla "Navy" - Historias - Andreu World
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03/11/17

La silla "Navy"

La historia de la silla Navy  es una de las más sorprendentes e ingeniosas que conozco. Durante la segunda guerra mundial, la armada americana se encontró con un problema con las sillas que llevaban a bordo, ya que solían terminar destrozadas por los rudos marineros después de estar meses en alta mar. Necesitaban con urgencia sillas tan robustas como ligeras, no magnéticas, inmunes a la herrumbre producida por la sal marina y, además, resistentes al fuego. Misión casi imposible. En los años cuarenta, Wilton C. Dinges de Emeco trabajó con un almirante de la marina en la producción de estas sillas hechas de aluminio reciclado y en el desarrollo de un extraordinario proceso de 77 pasos, que combinado con el trabajo artesanal, consigue que las sillas sean indestructibles, con garantía de 150 años. 

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Gregg Buchbinder, cuyo padre había comprado esta fábrica en los años setenta y que después pasó a sus manos, se encontraba un día en Nueva York presentando una silla nueva que había hecho con Philippe Starck, cuando conoció a Sir Terence Conran. Según me contó, Conran le relató una historia inesperada y alucinante: el curvado asiento de la silla 1006 (también llamada Navy) había tenido un molde anatómico excepcional, nada menos que ¡el trasero de Betty Grable! Según contaba, la pin-up más famosa de los años cuarenta había prestado sus posaderas para dar forma al asiento. Estupefacto por semejante historia, Gregg llamó inmediatamente a su empleado más antiguo, Davey Lake, que llevaba toda la vida en la fábrica y que le confirmó que ese rumor corría en la época y era un modo de animar a los marineros a tratar a sus sillas con más cariño. ¡Lo que hace la ilusión!

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