La silla "Sánchez" - Historias - Andreu World
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27/10/17

La silla "Sánchez"

El escultor José Luis Sánchez todavía conserva un mono de trabajo que en un viaje a Finlandia le regaló Pi, la primera mujer de Timo Sarpaneva, que tenía una empresa dedicada al diseño de ropa de trabajo. Les había conocido, a él y a Tappio Wirkkala, años antes, en la Trienale de Milán de 1954, cuando José Luis era un joven becario que se encargó del cuidado del Pabellón español de Ramón Vázquez Molezún, mientras que Sarpaneva era la estrella invitada en el pabellón de su país. Esa estancia en Milán fue muy fructífera para José Luis, que en su apoyo a las románticas pretensiones de Titta, la hija de Gio Ponti, para con el guapísimo Molezún, frecuentaba la casa-estudio del gran arquitecto, que por entonces era también la sede de la revista Domus

 

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Ya de regreso en Madrid, José Luis siguió trabajando en sus esculturas, frecuentemente asociadas a edificios de los grandes arquitectos de la época como Lamela o Miguel Fisac. Para una de esas esculturas, una muchacha sentada con abanico, el escultor diseñó una silla consistente en una geométrica estructura realizada en hierro. Muy sencilla, rotunda, casi un arquetipo en su reducción y que se adivina insoportablemente incómoda para un trasero que no fuera de piedra. Un buen día sonó el teléfono y su amiga Titta le preguntó si no habría diseñado alguna silla que fuese publicable. Sin pensárselo dos veces, José Luis mandó la foto de aquella silla hecha para la escultura de piedra, y poco después Domus publicaba la “silla Sánchez”. Según me contó pícaramente, fue la única vez que allí le publicaron algo...

 

 

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