La silla de Homar - Historias - Andreu World
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12/06/17

La silla de Homar

La zona más admirada de la Barcelona del siglo XX es la conocida como el “Quadrat d’Or”, la parte más central del Ensanche que proyectó el ingeniero Ildefons Cerdà, en la que las familias acomodadas de Catalunya decidieron instalarse promoviendo en la época más floreciente del modernismo la construcción de edificios singulares. Los Boixareu, propietarios de las pujantes industrias textiles que prosperaron al amparo de la primera guerra mundial, decidieron ocupar el principal de una de estas fincas que decoraron sin reparar gastos también al gusto del modernismo. El mueblista a quien confiaron el mobiliario del comedor fue Gaspar Homar, uno de los más reputados de la época, quien realizó no sólo la mesa y las sillas, sino que también hizo un par de mesas complementarias, algunas sillas auxiliares, un trinchante y un aparador. Sin embargo, de todo el conjunto, el mueble preferido por la familia era una sencilla silla auxiliar, porque, aunque su estructura correspondía a la de una silla convencional de asiento tapizado de terciopelo, Homar la personalizó con unos trabajados elementos florales japonizantes ejecutados con marquetería que incrustó en el respaldo, en la cortina y en las patas. 

 

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El aprecio que aquella familia Boixareu tenía por sus muebles desapareció con ella ya que cuando una tercera generación de herederos ocupó el piso, decidió substituir aquel mobiliario por otro más moderno y funcional. Así acudió a un chamarilero que a cambio de cuatro cuartos les vació el piso. Lo que no sabían era que el astuto quincallero había encontrado un tesoro que postularía entre diferentes anticuarios que acabarían comprando por separado y a un valor superior las distintas piezas para presentarlas en sus escaparates, en exposiciones de antigüedades, en muestras internacionales de anticuariado hasta que finalmente un conservador del Musée d’Orsay apreció el valor de aquella silla auxiliar y decidió adquirirla para sus colecciones, donde aún hoy figura, por lo que gracias a una azarosa vicisitud histórica Homar, nacido en Mallorca y muerto en Barcelona, es hoy admirado y reconocido como uno más de los  diseñadores de primer rango del modernismo internacional.

 

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