Domingo el carpintero - Historias - Andreu World
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02/11/17

Domingo el carpintero

En los años sesenta, Eivissa (Ibiza) aún era un paraíso poco contaminado por la modernidad, en el que pervivía la cultura rural, a la que pertenecía Domingo, un viejo carpintero que junto con su joven sobrino que le hacía de asistente seguía trabajando en la parte alta de Dalt Vila. Domingo usaba la sólida madera de las sabinas insulares a la que daba forma con la sierra, el cepillo, el escoplo, el formón… las más tradicionales herramientas que manejaba con destreza. Y de hecho, de su taller salieron muchas de las sillas y mesas que compraron para sus casas los miembros de la cuantiosa colonia de artistas alemanes, ingleses, franceses y americanos instalada en este refugio, que regularmente exponían en la galería Carl van der Voort, que precisamente estaba enfrente del taller en el que Domingo trabajaba a lo largo de una intensa jornada laboral, con frecuencia interrumpida para charlar con un amable vecino, que no era otro que el arquitecto Josep Lluís Sert.

 

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Uno de los clientes enamorado del repertorio mobiliario del popular carpintero era un alemán que resultó ser director del Museo de Artes Decorativas de Frankfurt, un centro que, aunque defendía el racionalismo, el funcionalismo y la Gutte Form, no tuvo reparos en incorporar a su colección permanente y junto a los asientos de Mies, Breuer, Le Corbusier…, las sillas y las mesas de Domingo, a quien debemos que la más ancestral cultura mediterránea forme ya parte de la gran historia del diseño europeo.  

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