“Llega un momento en la vida en que al alcanzar los objetivos y al asistir a la muerte de empresas que habían sido tus modelos referentes te preguntas dónde debes poner de nuevo el listón, para seguir creciendo, y entonces vuelves a dudar”. La duda, el inconformismo que ha atormentado a Francisco Andreu, desde hace cincuenta años, ha terminado por convertirse en uno de los motores de la empresa actual.“Mirando hacia atrás siempre tengo la sensación de no haber conseguido nada extraordinario. Pienso que lo mejor está todavía por hacer”, señala incombustible. “Con todo, cada vez es más difícil lanzar un producto, diseñarlo. Es más fácil fabricarlo, pero mucho más difícil idearlo”, sentencia. Su hijo Melchor, que forma parte del equipo que regirá el destino de la empresa en el futuro, se muestra de acuerdo con su padre y comparte el mismo espíritu. “Lo mejor siempre debe estar por llegar”. La insatisfacción, lo apuntábamos, se ha ido revelando como el auténtico motor de esta empresa.“No sé si es defecto o virtud. Pero nunca me siento satisfecho. Pensaba que la vida no se terminaba y hace ya tiempo que he empezado a preparar la transición de padres a hijos. La vida se me ha hecho muy corta. He aprendido que mucho es cuestión de trabajar. Y que los retos alientan, pero pesan. Estoy satisfecho, pero no tanto como para sentirme orgulloso”. Ese es el balance del fundador de la empresa. A una silla, Francisco Andreu le pide “que justifique la inversión. Singularidad y que, a ser posible, no sea costosa”.
Que el diseño esté justificado, que te seduzca y que te sientas identificado con él es precisamente la condición sine qua non que añade a los nuevos productos la tercera generación de Andreu, su hijo Melchor. El tiempo, y la experiencia, les han enseñado a anticiparse: “Creo que en quince años la globalización llegará a un punto de saturación. China y más tarde la India no serán baratas. Pasará lo que ocurrió con Japón, que de barato ha pasado a ser el país más caro del mundo.
Quedarán sitios en África, pero ¿luego? ¿Qué ocurrirá? Las empresas que se han trasladado deberán redefinirse. Yo creo que entonces regresará el equilibrio de rentabilidades y de costos, el consumo local. Hasta que llegue el futuro, hasta que pasen esos quince años que llenan de dudas, otra vez, a Francisco Andreu, hoy en día la empresa apuesta por un diseño actual, elegante, inteligente y sutil que lleva, escrito en los bajos, toda la experiencia y habilidad acumulada de las personas que integran las fábricas, y que con amor y especial dedicación añaden el valor a cada una de las piezas que configuran los diseños de Andreu World. La silla radical del argentino Alberto Lievore se ha convertido en el nuevo estandarte de lo que la empresa puede dar de sí y los nuevos diseños de Lievore, Altherr, Molina, William Sawaya y Mario Bellini son la mejor imagen, cada vez más desnuda, de este taller de ebanistería convertido en empresa del mundo.
Anatxu Zabalbeascoa
Periodista e Historiadora del Arte