Una silla estrella, el modelo Andrea del Premio Nacional Josep Lluscà, marcaría su despegue, el anuncio de una nueva sofisticación. Era una pieza de pasarela, una silla con mayor vocación de ingresar en los anales de la historia del diseño que en los comedores de los hogares del mundo. Pero constituyó un movimiento de precisión. Llegó hasta la fábrica de Eulate (Navarra) tras sufrir el rechazo de otra empresa. No era un modelo comercial. Saltaba a la vista. Pero Andreu intuyó su fuerza. Estaba tan cuidadosamente diseñada como matemáticamente pensada. Por eso llevó a Andreu World hasta el mundo que, voluntariosamente, su nombre había decidido abrazar. Con todo, el fundador de la empresa recuerda los primeros años ochenta más como un tiempo de oportunidad que como una época de aciertos. "El cambio de moneda nos favoreció –sentencia desmitificador–. Se llegó a cifras de exportación muy altas. Trabajábamos noche y día y exportábamos mucho a pocos clientes. Pero el cambio del dólar bajó y con él nuestra exportación. Nos quedamos sin clientes americanos y tuvimos que agrandar el mercado nacional". La empresa no fue fácil. "Invertimos en modelaje, en diseño, en mejorar y diferenciar los productos. Pero nuestros clientes eran reacios a pagar más por ellos. Hasta que no comunicamos nuestro nuevo diseño con catálogos, con campañas de publicidad y con una imagen renovada, nuestros clientes no pagaron por las nuevas sillas. Parece fácil, pero cuando una firma apenas obtiene resultados cuesta tomar la decisión de seguir invirtiendo grandes cantidades en catálogos e imagen corporativa. Para hacerlo hay que creer en el diseño". Creer en el diseño les ayudó a pasar varios años de beneficio nulo. Pero esa nueva experiencia negativa les sirvió. Y cuando, con el tiempo, las cuentas de la empresa empezaron a cuadrar, Andreu World se había convertido en una marca con prestigio."Aprendimos a diversificar, clientes y productos, aprendimos a comunicar los cambios, además de a hacerlos, y empezamos a vender por el mundo". Hoy Andreu World exporta el 60% de su producción y Estados Unidos está volviendo a ser uno de los principales mercados. Pero no sólo con exportaciones y factorías se sale al mundo. Hoy Andreu World quiere jugar en la primera división del diseño. Litigios ganados a otras empresas, que vivían de plagiar sus modelos, demuestran, además de la precariedad de cierta industria, que las sillas Andreu World se han convertido en modélicas, en ejemplos a imitar. Una nueva filosofía de empresa que fomenta la iniciativa, la polivalencia, la autocrítica y la autonomía de los trabajadores, demuestra que, para llegar a lo más alto se necesita la mejor base. Iniciativas como el Concurso Internacional de Diseño, que la empresa organiza desde 2001, prueban que la firma rebusca nuevas ideas y talentos sin límites de fronteras, edades o reputaciones. Si la identidad es importante para una empresa su comunicación gráfica no lo es menos. De poco sirve tener un buen producto si no se da a conocer. Los catálogos son la pieza clave dentro de esa comunicación y la publicidad un apoyo conveniente cuando no necesario. También hay piezas gráficas que pueden satisfacer ambas funciones.
En los años noventa Alberto Lievore diseñó una serie de cuatrípticos de gran formato que se publicaron durante cinco años consecutivos. Su copy debería servir de ejemplo en las escuelas. Lievore también diseñó páginas publicitarias para revistas especializadas. En los últimos años Antonio Solaz ha seguido con la labor de crear páginas de publicidad, con un estilo más pulido pero con igual eficacia gráfica, apoyada en un excelente trabajo fotográfico.